
Si la autoridad pusiera multas por exceso de felicidad, José Manuel Lucía Megías tendría que haberse buscado ya un pluriempleo, incluso dos. Y con razón, observad la imagen del señor de la barba blanca. Irradía karma, nirvana y toda clase de vitaminas vitales. En septiembre, llegará a las librerías su Cervantes intimo. Amor y sexo en los siglos de oro (Plaza y Janes), que ya tengo en mis manos y leído; ha publicado el poemario El hombre que amo (Huerga & Fierro), declaración de amor correspondido, y - por tanto-, de felicidad. Hay más: ha sido el asesor filológico y biográfico de la nueva película de Amenábar, sobre el cautiverio de Cervantes en Argel, que veremos en septiembre. Sigamos: ha recibido el Dámaso Alonso de Poesía... pues además de la capacidad de disfrutar con lo propio tiene el don de disfrutar con los logros ajenos, por ello "¡Maravill!a" es su expresión más característica. El suyo es un claro ejemplo de lo que llamo el cervantismo de la alegría, una de las manifestaciones de la cátedra de la amistad. En mi casa, hace años, se sometió a la máquina de detectar falsos lectores del Quijote. No tuve que insistirle mucho, pues es disfrutón. Su nuevo ensayo tiene rigor académico, buen humor y voz propia. Un libro admirable, valiente y necesario. Creará debate. Contar con el afecto de José Manuel es motivo de felicidad. Gran filólogo, gran persona. Le admiras y le quieres. ¡Maravilla!